Cuando El Jefe es uno más

Tiene que haber cientos de miles de maneras distitntas de afrontar un concierto desde el lado de “la estrella”. Si llevas cerca de 40 años en ese mundo supongo que ya habrás pasado por varias fases y te acabas quedando con la manera de actuar que más te reconforta a tí mismo como estrella del rock que eres, supongo. Pero yo creo que hay dos más o menos extendidas y que pueden distinguir, y mucho, qué tipo de concierto haces y qué tipo de artista eres.

Opción Uno (Músico Profesional)
Puedes llevar 15, 20 ó 30 años en la música. Vuelves a tocar después de mucho tiempo en uno de los recintos más importantes de tu propia ciudad. Llenas, 20.000 personas. Cumples correctamente y con una profesionalidad extrema con la presentación de tu nuevo disco y le das a tus fans lo que quieren, temas clásicos. Después de una hora y cuarto te piden más, sales, les das dos canciones más y en una hora y cuarenta minutos has hecho un concierto musicalmente correcto y profesionalmente perfecto. Tus fans lo van a seguir siendo y van a volver a ver ese concierto decenas de veces si lo repites, porque lo vas a clavar, están convencidos de ello.

Opción Dos (Músico Profesional, Agitador de Masas y Fan)
Llevas 15, 20 ó 30 años en la música (esto vale también si llevas dos). Tocas en una ciudad que no es la tuya, en un país que no es el tuyo, pero en el que tienes cientos de miles de seguidores, y además lo haces en un recinto más que importante, mítico, y lo llenas, 60.000 personas. Sales al escenario pegando una carrera, sudando la gota gorda y tocando del tirón 5 canciones con una efusividad extrema. Toda la banda que te acompaña parece que son extensiones de tu propia guitarra, suenan más que correctos, sublimes. Tus fans ya han perdido las bragas sólo al verte, pero entre las 60.000 personas hay una gran parte que no se sabe tus canciones, pero ya ha empezado a chorrear.

A la hora de concierto todo el mundo sabe que tú, estrella del rock, has venido a competir con ellos por ser el que más disfrute de cada segundo de tu propio concierto y eso lo transmites y la competición se vuelve dramática. Porque a tí, que eres El Jefe, te apetece ser el que mejor lo pase y por eso no llevas un repertorio cerrado, y por eso después de dos horas y cuarto de concierto, vuelves a salir y tocas las canciones que la gente te pide y mandas encender y apagar las luces porque vas a volver a darlo todo… y vas y cierras el concierto con una versión de unos diez minutos de un tema que ni siquiera es tuyo, pero con el que te lo pasas tan de puta madre como el resto de las 60.000 personas que están contigo ahí. Simplemente eres El Jefe, pero disfrutas como uno más. Después de tres horas de concierto supongo que te vas al hotel y eres el tío más feliz del universo, igual de feliz que la chica que ha subido a bailar contigo a tu escenario, que el fan al que le cogiste el cartel de la canción que quería que tocaras (y tocaste) y que ese par de tíos de la grada de enfrente que no se sabían ni la mitad de tus canciones, pero ahora escriben sendos posts en sus blogs flipando por el pedazo de concierto que les has dedicado.

2 Comentarios en “Cuando El Jefe es uno más”

  1. Juanito Falcó dijo:

    no podía haberse explicado mejor…
    i keep my umbrella!!


  2. Oli dijo:

    ¡Diosss, qué subidón tu crónica! ¡Cómo me hubiera gustado ir! Ya me habían comentado que el concierto fue LA REHOSTIA, hablando fatal y pronto. Yo pertenezco a ese grupo de gente que no se sabe ni la mitad de sus canciones, pero que chorrea con la sola idea de estar frente a El Jefe.

    Por cierto, ¿a quién meterías en el primer grupo de artistas?

    OLI I7O


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