La ley del talión

El chiste fácil es “el talión al portadior”… pero no lo voy a hacer.

Hemos ido a tomar café después de comer en la oficina, hemos ido a un sitio de exquisita decoración, de delicado trato y de exclusivísima clientela. Se llama Picasso y está al lado de otro local llamado Goya…. podíamos decir que hablamos de la zona de cafés de los pintores españoles.

El bar Goya (que no es el del café de hoy, sino el del primer desayuno el día de nuestro traslado a estas oficinas hace ya 4 meses) está decorado con elementos de los años 60 en adelante, donde destacan por su presencia en una vitrina delicadamente ordenada tres botellas de vino etiquetadas con la bandera de España (una de ellas anticonstitucional) y las caras de Franco, Aznar y Rajoy. El café está malo y es demasiado caro, por eso no he vuelto al Goya (igual por las botellas tampoco).

Bueno, el tema que nos trata hoy es una conversación que no hemos podido evitar escuchar entre dos de los exclusivos clientes del Picasso y el atento encargado. En la tele estaban informando de la posible existencia de “mercenarios del fuego” (así los ha llamado la reportera de Telemadrid), gente que podría llegar a cobrar hasta 300.000€ por quemar unas hectáreas de monte. En ese momento dos personas han comenzado a intercambiar con el encargado del local la siguiente conversación, identificaremos a los intervinientes como Encargado (E), borrachín de mirada perdida degustando un botellín de Mahou (B) y un tercer individuo que ha dejado de echar monedas en la tragaperras (T) para conversar y apurar una jarra también de Mahou.

- B: A esta gente ¿sabéis qué pena les ponía yo? Ni cárcel ni leches, que estuvieran todo el día repoblando lo que han quemado. ¡Sin guantes y sin cobrar!
- T: Eso es, joder, si es que se tiene que pagar “muerte por muerte”
- B: Pues eso digo, y que se tiraran así hasta que todo volviera a estar como antes.
- E: Y después de que todo esté igual, muerte en la hoguera, que se muera quemado, como el monte.

Estas últimas palabras nos han pillado saliendo del local, por lo que no sé dónde habrá terminado la conversación. Es una pena que sólo tengamos hora y cuarto para comer, porque me hubiera tomado otro café contemplando el esperpento.

Yo hubiera añadido que antes de morir en la hoguera debería invitar a una barbacoa al dueño de las héctareas de monte quemadas. Al dueño o a los herederos, porque me da que no se tardan unos meses en reforestar un monte. Pero no he dicho nada porque no me gusta meterme en conversaciones de mayores.

Saludos de Cursomán.

2 Comentarios en “La ley del talión”

  1. Julia Morell dijo:

    Muerte por ingestión de gasolina!


  2. Maria dijo:

    a ver si me lleváis a esos sitios con tanto glamour


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